lunes, 6 de julio de 2009

La mente

La lenta obertura de la lluvia,
cada gota que se rompe
sin romperse en
la que viene después, es una descripción
de la mente, inquieta
y sincopada. No muy diferente
de los colibríes,
que imaginan que sus alas
son sus corazones, o de las golondrinas,
que creen que el horizonte
es una línea que pueden levantar
y dejar caer a voluntad. ¿Qué
es lo que buscan? Los álamos,
en avance o en retirada,
pierden su estatura
igualmente, y sin embargo permanecen
firmes, haciendo planes
para volverse más
imaginarios todavía. La ciudad
dibuja la mente en sus calles,
y las calles la toman a la fuerza
desde sus intersecciones
donde un poco
no pertenece a nadie. Es
lo que va recorriendo
todas las porciones estacionarias
del mundo, la parte
de gravedad en los objetos. Las hojas,
apretadas contra la ventana
húmeda del suelo
de noviembre, siguen sin ser bienvenidas
hasta que se transforman, partes
de un rompecabezas que no se puede
resolver hasta que los bordes
ceden un poco y se ablandan. Miren
cómo el dibujo en ese momento
se vuelve claro,
la mente entra a la tierra
más fácilmente de a pedazos,
volviéndose más rica por eso.

(trad. de Fabián Iriarte)

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