sábado, 11 de julio de 2009

Sí, quiero

Sí, quiero

ponerle fin
a este tormento,
a este dulzor añejo.

Sí, quiero

arrancarlo y guardarlo
en un rincón
sagrado
pero fuera
de mi vida.

Sí, quiero

Mi vida
que acompaña, espera
acepta y entrega
una tierra prometida
para mis caprichos.

Sí, quiero
una patria
y también
una partida.


Sí, quiero.

(Es tan perfecto el amor
por su argumento
que no tiene ni una sola idea)






by Estela Gomez Czornomaz

lunes, 6 de julio de 2009

esencia de prana


EL GOZANTE

Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy
leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de
agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo
de la tierra.
De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso.

MANUEL J. CASTILLA

La música en la plaza

Viví frente a una plaza.
Nada más bonito que una plaza
viéndola pasar desde un automóvil raudo.
Es un sueño vivir
frente a esa reunión de árboles y de plantas.
Pero mejor no indagar el sueño
y tratar de describirlo con íntima paciencia.
Empezaré de nuevo
pues vivo frente a una plaza
y quiero decir lo que siento.
La plaza ha sido destruida
y reconstruida mil veces.
En la primera versión
un tigre estaba en primer plano.
Llegó en un camalote
que flotaba en la orilla del agua
del río color dulce de leche.
Dos hombres lo vieron llegar
y pensaron matarlo.
Uno pudo hacerlo sin matar al otro.
Apuntaron los dos con sus rifles
y uno de los dos mató al tigre.
Cuál fue nunca lo supieron.
Oigo la música sobre el palco,
y veo la tarima labrada
para conciertos al aire libre.
La música de hoy es de Borodin
y mientras la escucho imagino el mundo.
Sobre el pasto la gente escucha.
¿De quién es esta otra música?
Sin duda, de un ruso.
Me gusta. La escucho,
pero el calor me oprime
y apenas puedo sentir el perfume
del árbol que más quiero: la magnolia,
y otro, se me ocurre,
de la misma familia: el gomero.



Silvina Ocampo (mi Sibila)

Poema publicado por primera vez por Noemí Ulla en VOX arte+literatura y otros magnetos. Revista Objeto, Bahía Blanca, III, 8, 1999.

El alma dice (Epílogo)

Ser mantenida así por la fragilidad, por la perfección de la forma.
Por el sentido. Como donde yo debo ir adonde tú vas,
yo debo tocar lo que tú tocas,
con hambre, con aburrimiento, el rocío del mar, el boleto…
Destilada en tu ser ¿me estás escuchando?/puedes oírme)
en tu idioma, el por qué…

El relumbre de un voz. El río resplandece.
La madre sacude el mantel abierto al viento.
Allí, mientras la tela desciende: el alfabeto de lo maduro,
lo que es, lo que pudo haber sido.
El pan sobre el mantel. En la hierba los grillos con su canto agudo,

Oh, despójame de mi vestimenta mágica. Así
[deja caer su ropa]
Yace allí, arte mío.

(Esta es una forma de la materia de la materia ella cantaba)

(Donde se detiene la prisa) (y se la mantiene quieta) (pero no se la extingue) (no)

(Así que escuchad, escuchad, esto os calmará) (si es eso lo que queréis)

Bien, dije, ahora voy a ir al encuentro de lo que yo comparo con
(aunque la ola se rompa y me hunda de risa)
una ola rompiéndose, una ola hundiéndome de risa-.


Jorie Graham (trad. de Fabián Iriarte)

La superficie

Tiene un agujero. No solamente en el lugar donde yo
me concentro.
El río todavía retorciéndose, haciendo cintas,
en su arre-
molinarse, sus frías iluminaciones, su velocidad
de nudos apretados y su
calma – mensajes en susurros que disuelven
a los mensajeros –
el río todavía reverberando en sus puñados, sus montones,
sus vidriosos
momentos de olvido bajo el río de
mi atención-
y el río de mi atención reposando –
doblándose, volviendo a juntarse – sobre las rápidas [discontinuidades y los ventosos
obstáculos-
y la superficie haciendo olas bajo la atención del viento –
haciendo olas sobre las acumulaciones, las aquietadas permanencias
a la deriva
del frío
lecho.
Digo iridiscente y miro hacia abajo.
Las hojas muy quietas mientras son arrastradas.



Jorie Graham
(trad. de Fabián Iriarte)

La mente

La lenta obertura de la lluvia,
cada gota que se rompe
sin romperse en
la que viene después, es una descripción
de la mente, inquieta
y sincopada. No muy diferente
de los colibríes,
que imaginan que sus alas
son sus corazones, o de las golondrinas,
que creen que el horizonte
es una línea que pueden levantar
y dejar caer a voluntad. ¿Qué
es lo que buscan? Los álamos,
en avance o en retirada,
pierden su estatura
igualmente, y sin embargo permanecen
firmes, haciendo planes
para volverse más
imaginarios todavía. La ciudad
dibuja la mente en sus calles,
y las calles la toman a la fuerza
desde sus intersecciones
donde un poco
no pertenece a nadie. Es
lo que va recorriendo
todas las porciones estacionarias
del mundo, la parte
de gravedad en los objetos. Las hojas,
apretadas contra la ventana
húmeda del suelo
de noviembre, siguen sin ser bienvenidas
hasta que se transforman, partes
de un rompecabezas que no se puede
resolver hasta que los bordes
ceden un poco y se ablandan. Miren
cómo el dibujo en ese momento
se vuelve claro,
la mente entra a la tierra
más fácilmente de a pedazos,
volviéndose más rica por eso.

(trad. de Fabián Iriarte)