domingo, 15 de marzo de 2009

En la festividad del triunfo de todos

Avispón del domingo
— una necesidad de lo bonito —
sabrosa domesticidad
como una seguridad que parte
de la sobremesa
de la despedida del bienvenido
— que se queda a medio camino —
en una región central del fuego.

En una fuente de plata fría
de muy altiva dignidad
las frutas ofrecidas
los ojos muy abiertos
— como una salamandra
sin temor a cegarse —.

Entre la religiosidad del tuétano
y el fósforo abrillantado de la osteína
la divinidad
lo ajusta como un costillar
— y por una precisa y rápida paradoja —
su vida como prisionero impulsa.

Plato de La Voluntad
el primor inapelable
el otro refinamiento
— anterior a las transmutaciones
del fuego— aquella esencia

como un segundo dulzor
amplía con su gota
las metafísicas variantes
del gusto.

Sanguínea flor de feria que se suelta
como amuleto en los carritos madrugadores.

Poeta mala
necesaria
signo de la corrupción
de la fruta.




(Con admiración y cariño mi pequeño homenaje al nutritivo Lezama Lima, siempre.)

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